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Campaña por la Liberación de todos los Presos Políticos Saharauis

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Letras en el Sahara, nace en la red y desemboca en el desierto

Revista Shukran nº 34

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Digya Lachgare

Nací en El Aaiun, en 1958, Sahara occidental. No tengo hijos y cursé los estudios primarios en El Aaiun. Tanto mis padres como yo, teníamos la nacionalidad española.

Como activista y defensora, me he posicionado siempre, desde la invasión marroquí, junto a otros jóvenes, a favor de la independencia y el derecho a la autodeterminación.

He pasado en prisión 11 años ininterrumpidamente, en diferentes cárceles secretas marroquíes, como desaparecida, junto con familias enteras y otros saharauis, sin juicio, ni proceso, desconociendo mi familia y la comunidad Internacional donde me encontraba.

Fui detenida el 22 de diciembre de 1980, en El Aaiun. Llevada al antiguo cuartel de Artillería, donde pasé un mes. Después me trasladaron a otra cárcel secreta llamada “Der Mulay Sharif”, situada en Casablanca, donde pasé 7 meses. Allí estábamos 13 mujeres y un niño de 11 años, proporcionándonos una sola manta por persona. La comida era muy mala. No había higiene personal ni medicinas. Solamente salíamos una vez al día para hacer nuestras necesidades y pasé los 7 meses con los ojos vendados y esposada. La ropa que vestíamos los saharauis, era del mismo color. Consistía en un pantalón y una camisa de color beige. Nos la ponían para distinguirnos de los demás presos y facilitar la tortura.

Éramos interrogados y torturados frecuentemente. Las sesiones de torturas eran dirigidas por Bismula y le acompañaban 6 verdugos más. Consistían en golpes de todo tipo y en tumbarme sobre una mesa muy larga, con la cabeza hacia abajo y después de atarme, me ponían cables eléctricos en las orejas y piernas. Otro tipo de torturas que sufríamos eran las denominadas: “el avión”, colgada de una barra o palo, o “el sifón”, haciéndonos aspirar trapos impregnados con excrementos, productos químicos para cortarnos la respiración. Otra tortura que sufrí en la cárcel fue la que denominan “la gallina”, atada a un sillón, con la cabeza hacia abajo. En otra ocasión estuve atada a una pared durante más de un mes.

Después de estos 7 meses, me trasladaron a Agdes, otra cárcel secreta marroquí cerca de Ouarzazate, donde confinada 9 meses. En esta cárcel me obligaban, junto con otros detenidos, a hacer pan para los militares y los que estaban allí. Debíamos hacer 200 panes al día, que salían de 3 sacos de harina; si no los sacábamos, éramos torturados y humillados. Comenzábamos a hacer panes a las 2:00 de la madrugada y terminábamos a las 16:00 horas, sin parar. Comíamos lentejas cocidas con agua. Allí murieron 17 saharauis.

Después de estos 9 meses, me trasladaron a la prisión secreta de Kalaat Magouna, permaneciendo allí hasta el 22 de junio de 1991, fecha en la que fui liberada. En esta prisión secreta había 363 saharauis, de los cuales, durante mi cautiverio, murieron 14. En esta prisión había niños.

Cuando la presión internacional contra Marruecos, se intensificó, mejoró algo las condiciones de la cárcel secreta de Kalaat Magouna. Mi puesta en libertad se debió a presiones de organismos internacionales, como Amnistía Internacional y otras.

A partir de mi salida de la situación de desaparición, no tenía trabajo ni se me permitía trabajar, pues antes de mi captura trabajaba en una guardería, pero no pude volver a trabajar a pesar de que lo pedí reiteradamente. A los expresos nos tienen controlados y bajo seguimiento permanente.

A mi salida, seguí trabajando a favor de los derechos humanos del pueblo saharaui y del derecho de autodeterminación, de forma secreta y escondida, participando cuando podía en manifestaciones y actos, pues soy miembros de los comités de derechos humanos Codapso y ASVDH.

En octubre del año 2009 viajé, junto con otros activistas, a una Conferencia Internacional que se celebraba en Argel, en lo que se ha denominado el Grupo de los 7 (Ali Salem Tamek, Brahim Dahane, Ahmed Nasiri, Rashid Sghaer, Ettarousi Ihdih, Saleh Lebaihi y yo) y a nuestro regreso, en avión desde Argel a Casablanca, el día 8 de octubre de 2009, fuimos detenidos. Del Grupo de los 7 continúan en prisión aún mis compañeros: Ali Salem Tamek, Brahim Dahane y Ahmed Nasiri.

Cuando llegamos al aeropuerto, vimos que había un grupo de agentes secretos dentro del avión, obligándonos a salir por la puerta trasera y, cuando descendimos, nos esposaron, nos vendaron los ojos y nos llevaron en un vehículo. Me dejaron en una habitación muy sucia, yo sola durante 8 días y un colchón para dormir. Me daban únicamente un bocadillo y una botella de agua al día. Permanecí los 8 días con los ojos vendados, siendo interrogada durante 2 días, en lo que me torturaban para que no pudiera dormir, golpeando el suelo fuertemente cuando me entraba el sueño. Después me llevaron, junto con mis otros 6 compañeros a Rabat, a un Tribunal Militar, nos presentaron antes los jueces sin abogados, acusándonos de ser espías argelinos, atentar contra la seguridad del estado marroquí; pero este Tribunal no aceptó su competencia, por lo que el grupo fuimos trasladados a otros 2 Tribunales más, que tampoco aceptaron procesarnos por estos delitos. Por lo que volvimos a ser conducidos al primer Tribunal militar, en el que había 2 jueces militares y aceptaron nuestro procesamiento, sin abogados y, tras un interrogatorio en la sala del juzgado, donde tomaba nota una secretaria. Al finalizar la comparecencia ante el Juzgado, nos trasladaron a la Cárcel de Salé, llegando allí a las 00:00 horas.

A mi me llevaron a una celda con presas comunes. La celda era de 12 por 9 metros y un cuarto de baño. Éramos más de 63 mujeres y permanecí una noche.

Al día siguiente, me metieron en una celda de aislamiento de 2 por 2 metros, sin cama, en el suelo. Esta habitación había sido anteriormente un cuarto de baño. Allí permanecí 2 meses. Me permitían salir al patio un cuarto de hora por la mañana y un cuarto de hora por la tarde, yo sola. Después de 17 días, pude ver a mi familia y a los abogados. Solamente comía lentejas y arroz. Tenía siempre la misma ropa y no tenían productos de limpieza y aseo persona, por lo que limpiaba mi celda con un calcetín. Sufrí, en estos 2 meses, un interrogatorio en el que me sacaron la foto del Presidente de la RASD y me preguntaron si lo conocía y que relación tenía con él.

Después de 2 meses, me trasladaron a otra celda con 11 mujeres más. Estas presas comunes consumían hachis y pastillas y, ante la grave situación en la que me encontraba después de 6 días, entré en una huelga de hambre para que me cambiaran de celda. Estuve en huelga de hambre durante 15 días. Ante el deterioro que sufrí por esta huelga de hambre, me cambiaron a otra celda. Como seguía en una situación desesperada y, temiendo por mi integridad, me llevaron al hospital y tras un control médico, en el que me dijeron que padecía cáncer, me pusieron en libertad.

Desde entonces, se han celebrado varias sesiones de juicios en las que hemos sido objeto, tanto mis compañeros que están en prisión como yo, de numerosas y múltiples vejaciones, con tumultuosas intervenciones y violentos ataques de abogados marroquíes, que nos han golpeado y que han agredido a la prensa desplazada y a los observadores internacionales que asistían al juicios.

En la actualidad, a febrero de 2011, me encuentro pendiente de un nuevo señalamiento en el Tribunal de Casablanca.

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